Revelado de la Imagen Latente

Durante la conferencia de Tato Gonçalves » Del baritado al gliceé» ha sido entregado un sobre con una imagen latente. A todos los participantes de dicha conferencia se les ha invitado a revelar dicha imagen en el taller de fotografía en blanco y negro de la Universidad Popular de Guanarteme, Las Palmas de Gran Canaria.

Espero que disfruten de este video realizado por Eduardo Pérez activista 100x 100 de esta iniciativa solidaria y componente del proyecto EnfocArte.

Agradecer  la asistencia de todos, muy especialmente a Tato Gonçalves e Inmaculada Perez, responsable del DEAC del CAAM.

En la imagen Tato Gonçalves e Inmaculada Pérez

Invocación de la Imagen Latente.

Conferencia Tato Gonçalves «Del baritado al glicée»

“A toda conquista le corresponde una pérdida”

Goethe

 En  el acontecer contemporáneo donde la imagen ha dejado de ser tangible, miramos hacia atrás con nostalgia, cuestionándonos tanto, todos aquellos valores representativos de la misma – verdad, memoria, registro, identidad, archivo, etc.-, como aquellos otros valores “invisibles” más relacionados con el valor poético o simbólico de la imagen fotográfica.

© Alicia Rodríguez Macías

La actitud tecnócrata que nos identifica, curiosamente  nos aísla, convirtiéndonos en seres contemplativos, pasivos y alienados. Nos encontramos irremediablemente dentro de un entorno visual al que estamos sometidos, sin posibilidad de escapatoria. Protegidos de la realidad ante la luminiscencia de una pantalla, somos partícipes de ese otro mundo virtual lleno de apariencias. Estamos en el momento idóneo para inmolarnos dentro del terreno social y cultural a través de un imaginario colectivo. Contagiarnos de esta crisis visual  para así entrar en una especie de activismo espiritual dentro de lo puramente social.

© Alicia Rodríguez Macías

Y es por lo que les invito a invocar al espíritu de  la imagen latente, un acto nostálgico, que verifica y constata nuestra pertenencia a esta sociedad del espectáculo, entendido este no como un conjunto de imágenes, sino como una relación social entre las personas mediatizadas por las imágenes, como diría Guy Debord. O porque no, tirar más del hilo temporal y llegar a las reflexiones de Walter Benjamin “…La humanidad se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético”.

Y es dentro de esta alienación, dentro de este patético goce estético, donde se manifiesta la necesidad de un acto terapéutico, físico, donde  entrelazados, conectados carnal y espiritualmente ritualizamos “la espera de la visibilidad”. Una recreación donde se invoca al espíritu de la imagen latente y se cuestiona la invisibilidad de la imagen fotográfica.

© Gilberto Naranjo (Junior)

El intervalo temporal que separa la huella luminosa invisible, de la imagen revelada y visible, es un tiempo siempre dilatado e impredecible, un tiempo hoy inexistente ya que la imagen digital es una imagen inmediata, a la vez que efímera. Pasa fugaz ante nuestra mirada para desaparecer a continuación, pues irremediablemente, otra imagen ha ocupado su lugar. Este fenómeno en tanto en cuanto, podríamos definir como postindustrial o posmoderno  hace que el ojo actual, sea un ojo fugaz, fatigado ante el desbordamiento de lo visible. Un ojo que lucha por preservar  la permanencia en la imagen, en  una constante búsqueda de reposo, lentitud y penetración en lo mirado.

© Alicia Rodríguez Macías

Y es esta actitud de duelo ante la muerte de la imagen latente, lo que hace que sea una necesidad imperiosa su invocación, en espera de una manifestación “invisible” que nos haga reflexionar sobre el tempo fotográfico. Ese espacio temporal entre el click de la cámara  y la imagen final. Ese tiempo de espera,  lleno de incertidumbre, dudas y emoción, pues la imagen, aunque invisible en ese momento, sabe de su territorialidad, de poseer un centro tangible en el que depositarse definitivamente. Hoy la imagen digital, como ya nos constata Joan Fontcuberta en su libro La Cámara de Pandora «es una imagen  sin lugar y sin origen, desterritorializada, no tiene lugar, porque está en todas partes«. Su excesiva y banal visibilidad hace que hayamos perdido toda ilusión, y  deseo al que fuimos invitados a través de la invisibilidad de la imagen latente.

© Gilberto Naranjo (Junior)

Hemos matado a la imagen latente y con ella, al tiempo de espera

Esperemos que esta conquista urgente de la visibilidad que acompaña actualmente a la imagen, nos emocione lo suficiente para que su visibilidad sea consciente,  o mejor aún, ser fieles seguidores del pensamiento de Tomas de Aquino donde «la visibilidad corresponde a una energía en forma de crecimiento». Y que este crecimiento, finalmente, nos ayude a alimentar nuestro espíritu y nuestro imaginario,  hoy tan sutilmente sitiado.

Raquel Zenker

Colaboración de Maya con 256 tetrabriks en la conferencia de Tato Gonçalves

Si algo nos anima a seguir adelante con el mismo espíritu photobrikero con el que comenzamos esta propuesta, es la implicación de todos los que nos acompañan en este viaje solidario. Cecilo  Wije Weera  alumno del taller de fotografía y  antiguo empleado del departamento de fotografía de  Maya promovió la iniciativa de recoger tetrabriks entre todos los trabajadores de esta reconocida y admirable empresa. Un coche lleno de leche nos sorprendió antes de comenzar la conferencia de Tato Gonçalves «Del barito al gliceé». Agradecer desde este humilde espacio a TODOS  los trabajadores de Maya  este maravilloso gesto  y  por supuesto al Sr. Naresh Bharwani, que apoyó esta iniciativa de manera incondicional.

¡¡¡GRACIASSSSSS !!!!!!!

Revelado imagen latente

Photobrik se complace en invitarles al revelado de la imagen latente entregada en la conferencia de Tato Gonçalves. Por favor, no olviden traer el sobre sin abrir.

El acto tendrá lugar el jueves  3 de mayo de 11.00h a 12.30h  y  de 17.30 a 19.00 h.

Dirección: Universidad Popular de Guanarteme.

C.P. Fernando Guanarteme

C/ Industrial Sánchez Peñate, s/n

Exploradores del Abismo.

El abismo no nos divide
el abismo nos circunda

W. Szymborksa

Observamos el entorno en busca de respuestas. Sin saber las preguntas emprendemos el viaje como un recorrido por los lugares del hombre, que se presentan a través del paisaje. La mirada precede al conocimiento, tiende a sustraer sentimientos, la acción nos transporta a un momento determinado, a una abstracción de la naturaleza descubriéndola como un paisaje.

El descubrimiento obra con pausa, sin precipitación, registrando el conocimiento en capas individuales distintas unas de otras. Accediendo a nuestro interior con intensidad, grabando en una superficie lapidaria sus registros, ordenándolos. La mirada ausente se cruza con la naturaleza revelando espacios metafóricos, que reflejan el conocimiento de las sensaciones del individuo.

Las fotografías potencian esos espacios, los sustraen y afianzan a la realidad, amplificándolos. Desnudan al espectador y lo precipitan a situaciones extrañas pero en ningún momento desconocidas, “las imágenes fotográficas tienden a sustraer sentimientos de lo que experimentamos de primera mano, y los sentimientos que despiertan generalmente no son los que tenemos en la vida real. A menudo algo perturba más en la fotografía que cuando lo experimentamos realmente” que nos diría Susan Sontag.
Estamos todos esperando a que ocurra algo. Es un momento de suspenso.

En este trabajo hago un recurrido por el grupo de sensaciones que se suceden en los momentos de cambio en mi cartografía personal. Dos hechos biográficos marcar el comienzo del proyecto.  Esta serie nace en esa situación.

Utilizo aquí el paisaje desde un punto de vista romántico, siguiendo el deseo de domesticarlo en mi beneficio, encontrando un interlocutor conciso. Analizo la sensación cuestionando el modelo identitario de lo que soy. La desaparición de aquellos registros hace poner en duda mi mirada, no encontrar donde apoyar el discurso. En determinados momentos nuestras observaciones se tornan interiores, para decretar estados de ánimo o momentos de la consciencia. En algunos de esos momentos podemos llegar a pensar que nuestra soledad como individuo es manifiesta. Buscamos la proyección, la sombra, el reflejo, para poder encontrar una compañía certera, fiel, veraz.
Investigamos las sendas de las miradas perdidas. Esas miradas atrapadas en el infinito, en el shock post-traumático, en una realidad paralela que suele ser indescifrable y ambigua para el resto de los videntes, que intentamos con nuestros ojos llegar a ese rincón esquivo en el que los personajes se encuentran. Es en ese lugar donde la tragedia, los deseos, las ilusiones y las derrotas se entremezclan, se confunden, pierden profundidad de campo y tan solo el silencio y el tiempo, es capaz de recolocarlos en su lugar.

Lugares dominados por el paisaje; espacios de la mirada para quedar atrapada, cautiva, raptada. Es en ese secuestro del ver, el lugar en el que el espacio se modifica hasta convertirse en un territorio de introspección, por ello la mirada y la consciencia busca una proyección, un reflejo, con el que poder encontrar la compañía de la soledad manifiesta de los protagonistas de estas fotografías.

Jose J* TORRES

© Jose J* TORRES

Brikconsejos con César González

Los alumnos de los cursos de fotografía y el proyecto enfoc-Arte de la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, hemos tenido la suerte de contar con César González y sus brikconsejos. En estos tiempos de crisis que corren, economizar tanto en la tecnología como con el aparataje fotográfico, es una necesidad.

¡¡¡ Y que mejor que reutilizar nuestros briks de leche!!!!, entre otras cosas…

Video realizado por Eduardo Pérez, perteneciente al grupo de enfoc-Arte.

Agradecer a César González su colaboración dentro del proyecto Photobrik.

Me ves, luego existo

¿Somos conscientes de formar parte de una alienación existencial que nos invita a recrearnos dentro de una iconografía global virtualizada? En esta era de la eterna conectividad, la relevancia del individuo proviene de su propia visibilidad. Un  exhibicionismo crónico del  cual somos partícipes, pues continuamente  nauseamos sin ningún pudor nuestras narrativas personales. Liberación superficial, caótica, anodina si cabe, pues tanto los miedos como los placeres se publican, actualizan y comparten infinitamente dejándonos en un estado de vacuidad del ser, sin posibilidad de interiorización.

Desterrados del microcosmos de lo privado, abrazamos en este comienzo del milenio el macrocosmos de lo público. La arrogancia del yo, se ha convertido en divertimento de autoafirmación a través de la imagen. Un eterno vivir escondidos tras el individualismo de la máscara, como ya nos vaticinó  Derrida.

 Dentro de esta patología icónica, la identidad se construye, a través de un narcicismo artificial,   pues hemos pasado casi sin darnos cuenta, de la soledad  del agua, al espejo; y del espejo, a la multitud de la imagen fotográfica. Una multitud que nos acompaña continuamente, ya que  nuestra comunidad virtual de amigos y seguidores es la que hoy nos autoidentifica, nos valora, nos enaltece, pues sólo a través de la mirada lumínica del otro, nos reconocemos.

Me ves, luego existo.

© Jose J* TORRES

En esta falacia de territorios virtuales, y parafraseando a Sartre, es cuando nos atrevemos a sustituir la cita latina “ cogito, ergum sum”. Descartes seguramente estaría de acuerdo con nosotros, pues ya no es el conocimiento el que nos define, sino la imagen. Un proceso identitario externalizado, que es reflejado como un yo reconstruido, ficcionalizado, fragmentado; en tanto en cuanto, los anclajes que hoy nos definen,  si existen, son deficitarios.

Aún así,  osamos  rechazar  la conciencia de nuestra propia finitud dentro del mundo real, pues irónicamente es en la  virtualidad donde al fin encontramos la perpetuidad del ser. Perpetuidad, que trasciende a través de sus imágenes Jose J* TORRES. Este rastreador de lo visible, explora otros territorios limítrofes donde confluyen esos márgenes entre el yo visible y el yo oculto, rechazando ese vacío metafísico inherente a la mitificación de la imagen. Pues es consciente de la pérdida de las identidades firmes y  definitorias que nos  proporcionaban estabilidad dentro de las viejas retóricas occidentales. Y es dentro de esta inquietud social que hoy nos definde, y nos desorienta, donde este autor se atreve a indagar los ocultos subterfugios  definitorios del ser.

Hacer visible, lo invisible es su premisa, en un continuo deambular  entre  realidad y ficción, el yo y el otro, vida y muerte. Narrativas visuales que construye simbólicamente a través del territorio. Al igual que durante siglos la cartografía se dedicó a certificar la existencia de los lugares, este explorador neoromántico, da visibilidad a esa cara oculta y desconocida del ser. Morfologías del paisaje en el que indaga nuevas subjetividades, evocando paisajes introspectivos, silenciosos, melancólicos; sutilmente escenificados, pues sólo así, es capaz, de construir su imaginario.

© Jose J* TORRES

Territorios con las que se autoidentifica, creando su propio cuaderno referencial, en un continuo ejercicio de profunda autoexploración, descubriendo esos límites del precipicio, pues irónicamente deambula por los bordes del abismo, para hacernos sentir ese vértigo ancestral, esa pérdida, huella de toda disolución, terror hoy domesticado.

Aún así, dentro de toda esa contención, prevalece una sensación de profunda extrañeza, y es lo que realmente nos emociona en sus imágenes, das Unheimliche, ese efecto de extrañamiento que nos incita a establecer conexiones con lo inquietante, lo espectral de las cosas dentro de la familiaridad de lo real, como ya nos describiera Proust en un primer acercamiento a este término. Es esa desviación mínima, oculta que intuimos dentro del paisaje; acompañada de un silencio triste y amargo, lo que irremediablemente nos sobrecoge.

 Sus ficciones nos adentran en la soledad del “otro”, que permanece inmóvil, expectante, en un suspenso eterno ante el paisaje. Cabe recordar en este preciso instante las palabras  de Eugenio Trías “el silencio hierático de lo sagrado, que invade el rostro y los ojos hasta fijarlos en una especie de reposo rígido y majestuoso. No hay el menor atisbo de movimiento ni de dinamismo, o de fuerza potencial que pudiera ser desplegada, en esos rostros convertidos, en su travesía del límite, en auténtico material sagrado”.

 

© Jose J* TORRES

© Jose J* TORRES

Metáfora del devenir del tiempo, la imagen como una muerte simbólica,  pues “una foto detiene y separa una imagen, dejándola en suspenso entre el antes y el después, apartándola, por ende, de sus coordenadas convencionales de la realidad”, en palabras de Nelly Schnaith. Un paisaje que hoy nos incomoda, pues somos conscientes de que ya no formamos parte de él. Ni siquiera de esa generación, generación del cambio, como Torres la denomina, pues son ellos, esos habitantes fronterizos que habitan el paisaje en solitario, los que nos hacen ser partícipes de sus miedos e inseguridades. Frágiles se enfrentan a un viaje iniciático propio de su juventud, viaje que  no tendrá fin, pues la madurez, si se alcanza, será demasiado tarde. Y es por ello por lo que permanecen inertes, a esperas de un cambio inminente que nunca acaba de llegar.

Me ves, luego existo.

Es esa última mirada lacerante la que más nos hiere, paisajes del rostro que rememoran ese último viaje por explorar, acercándonos al abismo, cartografías vividas a través de la alteridad de los otros, pues sacar un retrato, es retratarse a sí mismo, sombra visible de lo invisible. ¿No son en sus jóvenes rostros donde este autor se autoproyecta, reflejando con toda acritud su propia muerte? Un abismo al que nos acerca emotivamente a través del duelo y la memoria, en un intento de traspasar este tiempo accidental que le ha tocado vivir,  dentro de un contexto social confuso, generador continuo de estados de abatimiento y desasosiego,  donde el futuro, si existe, se vislumbra incierto.

Raquel Zenker

Lo Sublime en el mundo interior de la obra de Monique Hoffman

   Siempre y cuando acudimos a una exposición y tenemos la oportunidad de acercarnos a una imagen fotográfica, por cualquiera que sea la sensibilidad que alberguemos, nos transmite algo, esa imagen activa una sensación en nosotros, una emoción, un pensamiento, una reflexión…De ahí, que la atmósfera, la sensación y sobretodo el contexto hacia donde fui guiado al contemplar las imágenes de Monique, dentro del proyecto Wonderland, fuera el romanticismo, aunque también podía entrever otros aspectos.

   La pintura del Romanticismo Alemán es un arte que se funda con un carácter muy marcado por la influencia de la obra «Sobre lo sublime» del escritor griego Longino, rescatada en el Renacimiento. Uno de los temas capitales en la historia del arte y la filosofía.

   Para Longino, la obra de arte bella persuade, convence, se dirige a la razón, aunque podamos discrepar; en cambio, una obra sublime tiene grandeza, no depende de la forma, prescinde de opiniones, se dirige más al interior, a una actitud psicológica. Según Longino, hay cinco caminos distintos para alcanzar lo sublime: “grandes pensamientos, emociones fuertes, ciertas figuras de habla y pensamiento, dicción noble y disposición digna de las palabras”. Lo sublime corresponde según Longino al último estadio del amor platónico, en el que no se ve la belleza, sino que se sumerge en ella, se está en un “océano de belleza”.

   Monique, en sus inicios, muestra imágenes que nos enseñan desde su fotografía una mirada actual de lo sublime, al más puro estilo de la pintura Romántica alemana, con sus temas bien definidos y reconocibles, como la relación de la naturaleza, con paisajes duros, enigmáticos y desafiantes al ser humano. Pero poco a poco Monique empieza a usar esta capacidad de transmitir sensaciones con tal naturalidad que se sale de los temas clásico de la pintura Romántica, casi los rompe, los transforma para alcanzar otros registros y enriquecerlo, para resolver necesidades propias de la artista. En donde la relación del hombre y la naturaleza es distinta, ya no es este tema en sí, mas bien lo que se plantea es acerca de la naturaleza del interior del individuo. Aquí no interesa la visión de la naturaleza, e incluso de las ruinas, como amenaza o desasosiego, sino que es casi todo lo contrario, se convierte en el escenario que recrea y simboliza un mundo interior idílico y en equilibrio. Lo realmente enigmático para ella es ese mundo que trata de desenmarañar y descifrar, sus sentimientos.

   Los temas que toca, no solo los aborda desde el miedo y lo dramático, sino también lo hace desde los sueños, la fantasía, o su Wonderland. Temas en los que no se adentraron los pintores románticos alemanes. Ella lo alcanza a través de la sensibilidad, desde la luz, la transparencia y el movimiento de sus vestidos en su naturaleza idílica. Este recorrido comienza desde la transformación de un agua que antes aparecía como cascadas descontroladas, hacia láminas de agua tranquilas y reposadas, donde la vegetación además de seca y hostil, también aparece verde, fértil, cálida y amable. Y lo hace, a mi entender, con buen criterio porque en el concepto más puro de Longino, es más amplio, lo sublime es hacer sentir sensaciones en el espectador y que nos sumerja en la experiencia de los sentimientos. Porque lo sublime se puede lograr en más sensaciones y sentimientos, tantos como una persona pueda sentir y expresar, no solo desde el dolor y el miedo. En este sentido ella ha sido capaz de llevarnos a través de sus sensaciones cotidianas de su vida como la perdida, la presencia, lo femenino, el recuerdo de la infancia y la niñez, entre otros.

   Con esta capacidad y logros Monique Hoffman se presenta como una artista que investiga y evoluciona uno de los temas capitales de la historia del arte y la estética “lo Sublime” haciéndose un referente importante dentro de él, en la escena del Arte Contemporáneo. Con gran valor y riesgo al abordar temas que en principio no parecen ser los más oportunistas en el panorama contemporáneo, pero que lo hace siguiendo su instinto e intuición, como ya hicieran los alemanes al tomarlo del Renacimiento y estos a su vez de los griegos, porque este valor es el que nos sirve a todos de puente para entender al ser humano y sus distintas épocas.

   Gracias Monique, para mi es un regalo inmenso, haber conocido a alguien que investiga en el arte y sus sentimientos con tanta sinceridad y transparencia. Es como si pudiera conocer a Friederich. Me siento un privilegiado, yo diría que tienes un futuro prometedor. Animo eres increíble y magnifica, no pares.

    A todo esto, aún decir que no es nada en comparación a tu persona, a tu valía y sencillez, habrá quien pueda creer que exagero un tanto, pero quien te conoce sabe de lo que hablo.

Tu amigo, desde un gran cariño y profundo respeto.

Joaquin Luis de Cubero